Tenerife: comunicación aeronáutica y lecciones de seguridad
4 min de lecturaPor Andrew

La seguridad de la aviación moderna se ha construido, en parte, aprendiendo de tragedias anteriores. La colisión de Los Rodeos, conocida como el accidente aéreo de Tenerife, sigue siendo el accidente con más víctimas mortales ocurrido en la aviación civil. Causó 583 muertes y motivó un examen profundo de la comunicación y de otros factores operacionales.
El accidente
El 27 de marzo de 1977, el aeropuerto de Los Rodeos —hoy Tenerife Norte— recibió numerosos vuelos desviados después de un atentado con bomba en el aeropuerto de Gran Canaria. Entre ellos estaban el vuelo KLM 4805 y el vuelo Pan Am 1736, ambos operados con Boeing 747.
La colisión se produjo con niebla densa y visibilidad muy reducida. El KLM inició la carrera de despegue mientras el Pan Am aún se encontraba en la pista. Las comunicaciones ambiguas, la interpretación de la autorización y la conciencia incompleta de la posición del otro avión formaron parte de una cadena de factores. Murieron 583 personas; sobrevivieron 61 ocupantes del Pan Am.
Impacto e investigación
La magnitud de la tragedia conmocionó al mundo. La investigación analizó múltiples factores humanos, operacionales y de infraestructura; reducir el accidente a un único error o a una sola frase no refleja la complejidad documentada de la secuencia.
El accidente reforzó la atención prestada a la comunicación dentro de la cabina y a la capacidad de cualquier tripulante para expresar dudas o cuestionar una decisión. Se cita habitualmente en el desarrollo y la consolidación de la gestión de recursos de la tripulación (CRM), aunque el CRM moderno surgió de un proceso más amplio y no de un único suceso.
Lecciones aprendidas
Tenerife evidenció los riesgos de la ambigüedad en comunicaciones críticas. Después del accidente se reforzó la disciplina de utilizar fraseología normalizada y de reservar términos como take-off para contextos definidos. La fraseología por sí sola no elimina el riesgo: las comunicaciones deben incluir escucha, colación, aclaración y lenguaje normal cuando sea necesario.
El accidente también influyó en mejoras de los procedimientos de pista, la vigilancia de superficie, la señalización, la iluminación y la gestión de operaciones con baja visibilidad. La adopción concreta de tecnologías y medidas varía según el aeropuerto y el marco regulador; no todos los aeropuertos cuentan con los mismos sistemas.
Relevancia actual
Las lecciones de Tenerife siguen presentes en la aviación. La comunicación clara entre pilotos y control de tránsito aéreo es un componente esencial de la seguridad, junto con la formación, los procedimientos, la tecnología, la coordinación y la toma de decisiones.
Los cursos de inglés aeronáutico pueden desarrollar las destrezas lingüísticas necesarias para explicar, aclarar y comprender situaciones. No sustituyen la formación operacional, la fraseología aprobada, el CRM ni los procedimientos propios de cada función.
La historia demuestra que una comunicación deficiente puede contribuir a una cadena de riesgo. Trabajar el idioma es una medida útil, pero ningún curso individual puede afirmar que evita por sí solo accidentes de este tipo ni que garantiza la seguridad operacional.
Conclusión
El accidente aéreo de Tenerife es un capítulo doloroso de la historia de la aviación y un punto de referencia para comprender cómo interactúan los factores humanos y operacionales. Sus lecciones sobre comunicación inequívoca, coordinación y formación rigurosa siguen siendo relevantes.
Si trabajas en aviación, desarrolla tu comunicación dentro del marco de tu función y utiliza siempre la formación y las publicaciones oficiales correspondientes. El aprendizaje lingüístico debe integrarse con los demás elementos del sistema de seguridad.
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